martes, 17 de abril de 2012

Aceites para embrujar.

Desde tiempos remotos se considera que los olores tienen un efecto curioso sobre la vida humana y la vida animal. Por ello, los magos de la Antigüedad y de los tiempos medievales solían untarse el cuerpo con aceites que estimulaban sus sentidos y los inducían a tener visiones.

Los aceites y los perfumes han jugado un papel fundamental en la evacuatoria de la magia a través de la historia del hombre. El empleo de aceites divinos entre los pueblos primitivos es otro aspecto de la intoxicación olfatoria y la influencia en la producción de visiones. Se trataba del modo de ponerse en contacto con lo sobrenatural para caer en un estado de éxtasis.

Aun en los días de las Fórmulas del Éxodo de la Biblia para aceites sagrados, las unciones de esos aceites no eran desconocidas. Las instrucciones para la preparación de tales unciones fueron divina­mente reveladas, si bien ninguna persona estaba autorizada a ha­cer uso privado de estos aceites sagrados, bajo pena de excomulgación.

Actualmente, el ser humano civilizado tiende a excitar su sentido del olfato con placer, tal vez porque es el sentido en el cual pulsó ma­yor seguridad en los orígenes de su evolución. No obstante, de forma casi inconsciente aún sigue empleándolo.

El uso de los olores como estimulantes psicológicos está bien es­tablecido; puede tomarse como ejemplo el empleo que se hace del incienso en las ceremonias religiosas, el uso de los perfumes como afrodisíacos y las pasmosas mezclas que se hacían en los ceremo­niales de magia negra. A cada espíritu, bueno o malo, se le asignó un olor determinado.

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